
Agua, porque a las siete y treinta me levanto y no hay cosa que me dé más asco que el tufo a pasto seco cremoso expulsor de gases a las siete y veintinueve, que es cuando salgo del sueño y debo ver un vaso de agua sobre la agenda negra de cuero que todos los días guardo un cuarto para las ocho en el maletín color sepia para salir a trabajar. Bueno, todo eso antes de tener que soportar el fatal desfile heterogéneo de lo que apodo "alcurnia diamante de barro", "cabello color verde", "rebaño supuestamente abolido encubierto de maquillaje esforzadamente obtenido" o "corbata de estampa mostaza y verde moco".….Plateros, Plata, Dinero, Yen, Euro, Dólar,Peso, Escudo, Cruzeiro, Peseta, Marco,Libra, y la Carcajada.La risa y el abdómen.. el nuevo peso y el orgasmo. Afuera no me río, por supuesto, pero pensar en estas palabras me hace aguantar a"carcajadas internas" a toda esta horda de personajes goyisticos (de los cuales también soy parte) de la era moderna. Hay que tener alguna motivación para poder tragar la hiel del trabajo, ¿no?.
"Metro de Santiago le da la bienvenida a nuestro servicio. Se ruega no fumar, no sentarse en el suelo y transitar solo por los espacios señalados"
Es lindo este lugar. Limpio, las paredes blancas, los trenes celestes,la iluminación tipo nave espacial sudamericana, la información constante… Es tan lindo. Bueno, más lindo sería, estoy seguro, si lo pudiera ver bien algún día, porque con mas de diez mil personas camino a sus trabajos en horario pic es difícil descubrir un espacio vacío.
Disculpa, ¿Te puedes mover un momento?, ¿Solo para ver?
¡Mierda!. Ocho treinta y cinco es la hora en que debiera estar pasando por la estación La Moneda para llegar a tiempo al terminal central y faltan todavía dos mas para llegar recién ahí.
No hay, ¡No hay! No existe nisiquiera el tiempo para pensar en la belleza del tren subterráneo cuando ya son las ocho treinta y seis, y debo estar allá a las nueve para reunirme con mi mejor alumno particular de interpretación, dos horas mas, para que a las once llegue al conservatorio a las cuatro jornadas de ciento veinte minutos que hago a sesenta y cuatro alumnos de los cuales dos, tres veces a la semana uno y dos el otro,se quedan a sus lecciones particulares de contrapunto que por lo general duran otros ciento veinte minutos más. Lo que no me da más opción que llegar a casa luego de dos milsetecientos segundos en tren, osea, recién a las diez de la noche, hora en la que todos ven la película que empezó hace veinte minutos y treinta y cinco desde que se sacó la cena del horno por lo que hay que calentarla unos dos en el microondas para comer en diez,cepillarse los dientes en cinco, ¡y a la cama en cinco minutos más!
Dormir no me cuesta nada, pero no pasa ni un segundo, abro los ojos, y el sol ya se me está clavando en la sien.
Necesito un vaso de agua… y fría, porfavor.
"Metro de Santiago le da la bienvenida a nuestro servicio. Se ruega no fumar, no sentarse en el suelo y transitar solo por los espacios señalados"
Es lindo este lugar. Limpio, las paredes blancas, los trenes celestes,la iluminación tipo nave espacial sudamericana, la información constante… Es tan lindo. Bueno, más lindo sería, estoy seguro, si lo pudiera ver bien algún día, porque con mas de diez mil personas camino a sus trabajos en horario pic es difícil descubrir un espacio vacío.
Disculpa, ¿Te puedes mover un momento?, ¿Solo para ver?
¡Mierda!. Ocho treinta y cinco es la hora en que debiera estar pasando por la estación La Moneda para llegar a tiempo al terminal central y faltan todavía dos mas para llegar recién ahí.
No hay, ¡No hay! No existe nisiquiera el tiempo para pensar en la belleza del tren subterráneo cuando ya son las ocho treinta y seis, y debo estar allá a las nueve para reunirme con mi mejor alumno particular de interpretación, dos horas mas, para que a las once llegue al conservatorio a las cuatro jornadas de ciento veinte minutos que hago a sesenta y cuatro alumnos de los cuales dos, tres veces a la semana uno y dos el otro,se quedan a sus lecciones particulares de contrapunto que por lo general duran otros ciento veinte minutos más. Lo que no me da más opción que llegar a casa luego de dos milsetecientos segundos en tren, osea, recién a las diez de la noche, hora en la que todos ven la película que empezó hace veinte minutos y treinta y cinco desde que se sacó la cena del horno por lo que hay que calentarla unos dos en el microondas para comer en diez,cepillarse los dientes en cinco, ¡y a la cama en cinco minutos más!
Dormir no me cuesta nada, pero no pasa ni un segundo, abro los ojos, y el sol ya se me está clavando en la sien.
Necesito un vaso de agua… y fría, porfavor.
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